Nuestras vidas valen más que sus abusos, atropellos, privilegios y ganancias. 30 mil compañeros y compañeras detenidos-desaparecidos, ¡PRESENTES!

 
Cuarenta y cinco años atrás, en nuestro país, el golpe de Videla, Massera y Viola fue reclamado y apoyado por todos los partidos y entidades de las patronales. El terreno político y operacional fue preparado por el gobierno derrocado y sus socios, que crearon la Triple A. Su propósito: poner fin a la insurgencia obrera y
popular iniciada con el Cordobazo y continuada en el Villazo y la huelga general de junio-julio del 75. Cuarenta y cinco años más tarde, la responsabilidad por aquel atentado criminal continúa impune.
 
Sólo fue juzgado un puñado de militares, a cuentagotas a lo largo de décadas. En los hechos, siguieron vigentes el punto final, la obediencia debida y el indulto. La Corte actual dictó, con aval político previo, el 2x1 en beneficio de los represores. Esa tentativa fue derrotada por una gigantesca movilización popular. Todos los gobiernos, desde 1983, intentaron devolver a las fuerzas armadas un lugar político central – el anteúltimo fue el nombramiento de César Milani. El ministro de Defensa del actual gobierno ha trazado un plan en esa misma dirección - “dar vuelta la página”. La mitad de la legislación, edictos y decretos vigentes fueron dictados por gobiernos militares.
 
45 años después
 
La trama judicial que aseguró la impunidad de los genocidas sigue haciendo de las suyas. Los ex presidentes, sin importar sus fechorías y sus muertos, son despedidos con honores. Así ocurrió con Menem y con De la Rúa, responsables de la voladura de Río Tercero, del encubrimiento de los atentados a la AMIA y a la Embajada de Israel, de los muertos en el puente Chaco-Corrientes y en Plaza de Mayo, entre otros crímenes contra el pueblo. Los atropellos contra los docentes en Santa Cruz y Neuquén, el asesinato de Carlos Fuentealba, son la muestra de la continuidad de un aparato político. Los crímenes de Kosteki y Santillán siguen políticamente impunes. El asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra puso al desnudo el potencial criminal de la integración de los sindicatos al Estado y la continua cobertura de la policía. Las desapariciones seguidas de muerte de Luciano Arruga, Santiago Maldonado, Facundo Astudillo Castro a manos de las fuerzas represivas contaron con la cobertura del Estado y los gobiernos de turno. El gatillo fácil continúa siendo un método de gobierno. Cada año, son masacradas un número creciente de mujeres. Los códigos penales han re-categorizado a este crimen como femicidio, sin haber aportado con ello el menor avance en defensa de la vida y la integridad de la mujer. Al revés, las instituciones encargadas de aplicar este nuevo código son responsables del asesinato de mujeres – sea por complicidad, acción y omisión culpable.
 
El femicidio se encuentra, junto a las guerras, entre las mayores lacras del capitalismo. Es un crimen social, por lo tanto tiene un contexto, que son las condiciones de miseria y desvalorización social inmensa de las clases trabajadoras, el derrumbe de sus familias, la desocupación y el hambre; y con el Covid, el coqueteo cotidiano con la muerte y la muerte misma. Un contexto de desvalorización social y personal de todos y cada uno, de despersonalización humana. La abolición de estas condiciones constituye la premisa irrevocable para acabar con el femicidio. Solamente sobre la abolición de la explotación social puede prosperar la revolución cultural que ponga a hombres y mujeres en el mismo plano de humanidad universal. La posibilidad de una salida efectiva a este crimen humanitario bajo el capitalismo es una simple estafa. Las ‘políticas de género’ han sido en todo el mundo un magno fraude; es también la consigna de la
burguesía que busca cooptar a una minoría de mujeres al capital y al Estado, con la falacia del “empoderamiento”. En la lucha cotidiana contra la violencia hacia la mujer, reivindicamos la organización independiente de la mujer, para que luche efectivamente contra esa lacra y prepare, de este modo, el camino hacia
una humanidad socializada #NiUnaMenos es un grito fundamental, más que
nunca, en este 24 de marzo.
 
 ́Nueva normalidad ́
 
La pandemia ha vuelto a mostrar el carácter criminal del capitalismo. Ha puesto a la cabeza de su política el rescate del capital a costa de una mayor miseria y vulnerabilidad de los trabajadores. Ha gestionado el lucro capitalista, no la protección y el cuidado de la vida y de la salud. La  ́nueva normalidad ́ pretende la ‘normalización’ de este desvarío, cuando ni siquiera las vacunas han demostrado una capacidad suficiente para asegurar una salida sanitaria a esta crisis humanitaria. La depredación del planeta y de la fuerza de trabajo anuncia un renovado ciclo de epidemias, en el marco de un sistema de salud pública en ruinas y un sistema privado inaccesible. En el marco de una crisis descomunal de vivienda y de hábitat, en medio de una incesante especulación inmobiliaria. El sistema de mercado y la acumulación del capital son los principales focos de circulación del virus y de su transmisión comunitaria.
 
La ‘nueva normalidad’ discontinúa el IFE, derriba salarios y jubilaciones y acreciente la desocupación, en función de un acuerdo ya decidido con el FMI. No se puede luchar contra el FMI aceptando las condiciones criminales de la ‘nueva normalidad’, o sea contra la explotación ‘presencial’ de la fuerza de trabajo para tributar a los buitres del capital financiero. La gestión de la pandemia, por parte de los gobiernos capitalistas, ha acentuado las características más parasitarias del capital, como lo muestra la suba de las bolsas, los mercados de capitales locales, el endeudamiento público sin precedentes.
 
La pandemia ha dejado una gigantesca hipoteca sobre las espaldas de los trabajadores – sus viviendas, su salud, su trabjo, su educación, su futuro. La consigna de batalla de los Fernández y de los Macri es desarrollar los ‘mercados de capitales’ y nuevas AFJP. Esto explica que los jubilados cobren 20 mil pesos por mes y varios millones de trabajadores no puedan jubilarse.
 
Con el retorno forzado a las aulas y trabajos presenciales, el capital pretende imponer la tutela de las ganancias y el lucro sobre la salud y la vida.
 
El virus no es una  ́coyuntura ́ sino un hecho histórico. La humanidad enfrenta un enorme desafío. Su organización social presente es incompatible con la preservación de la vida.
 
La agenda de este 24 de Marzo es la expresión, como ha sido siempre, de las cuestiones que plantea la descomposición del capitalismo, de un lado, y la lucha popular, del otro. No ha sido nunca un ‘memorial’, ha sido siempre una jornada de combate.
 
Ni olvido ni perdón. Los crímenes de la democracia son crímenes contra la clase obrera y contra la democracia.
 
Ni una compañera menos. Por la organización independiente de lucha de la mujer.
 
Socialismo o Barbarie.
 
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