Un minuto de silencio por el debate presidencial


Candidatos en el debate presidencial. EFE/ Javier Escobar
"UN MINUTO DE SILENCIO” POR EL DEBATE PRESIDENCIAL

El debate entre los candidatos a presidente, el domingo pasado, fue tan malo que ni la prensa corriente encontró un eje para comentarlo. Los comentaristas no tuvieron nada que decir porque ni unos ni otros confrontaron acerca de la salida a la bancarrota que atraviesa Argentina ni a la crisis desesperante de las masas, sino que se repartieron acusaciones que no superaron el alcance personal. Por eso, el cuchicheo de los dos días posteriores al show presidencialista se limitó al dedo índice de Alberto Fernández, al rostro sin vida de Lavagna, a la tensión de Macri, al derechismo de Espert y a unas condolencias a Del Caño. Fernández había advertido, antes de la cita, que cualquier discusión en serio podía “afectar a los mercados”, de modo que puso sobre aviso a Macri de que no tirara demasiado de la cuerda. MM lo respetó pero sólo hasta cierto punto, porque un par de horas antes no dudó en romper relaciones con Venezuela y aceptar credenciales de una embajadora del ignoto Guaidó.

La mediocridad de las diferencias políticas que expusieron MM y AF, se vio en el asunto del endeudamiento externo, que Macri defendió como forma obligada de pagar la deuda dejada por la administración K, y AF atacó porque tuvo por finalidad financiar la fuga de capitales – y encima de los “amigos” de Macri. Quedó establecido así que un endeudamiento a tasas usurarias para pagar otra deuda de igual característica es para los K absolutamente positivo, a diferencia de la “fuga de capitales”. Pero el endeudamiento para pagar deuda es una bicicleta tanto o más trituradora que la ‘fuga’, y constituye él mismo una forma de esa fuga, porque la mitad de la deuda externa está contraída en divisas extranjeras, con capitales nacionales, que, de cualquier modo, pueden convertir toda acreencia sobre Argentina en una fuga por medio del mercado de cambios o la Bolsa. El que fuga divisas puede reingresarlas como capitales de inversión, mientras que el que cobra un cupón de deuda (capital e intereses) puede no volver a hacer ningún negocio en Argentina.

Otro enredo mediocre tuvo lugar en relación a la exportación y el “consumo” interno. Los países con fuertes índices de exportación también tienen un consumo muy elevado, salvo que destinen un saldo favorable del comercio exterior para re-exportarlo en forma de salida de divisas. Es cierto que en ese caso el consumo ‘interno’ es de producción externa, pero aclarando que la exportación está destinada, ella también, al consumo aunque externo. La determinación de la conveniencia de uno u otro método de desarrollar el ‘consumo’ depende de la estructura capitalista de cada nación en relación a la economía mundial. AF ha reiterado su propósito de fomentar la exportación, en especial de gas (Vaca Muerta) y minería, incluso seguir con los subsidios, que se iniciaron apenas después que comenzó la caída del precio internacional del petróleo (2009/10). El ‘fomento’ incluye la garantía de la retención de las divisas en el exterior, exactamente lo que hicieron Macri y sus ‘amigos’. El embole conceptual de la polémica sirve para camuflar los intereses en disputa. A AF no le convendría agitar mucho acerca de los ‘amigos’ de sus contrincantes, porque el convenio YPF-Chevrón, bajo la batuta de Galuccio y el renacido peronista Kicillof, se hizo con los ‘amigos’ ejecutivos del pulpo norteamericano – paraíso fiscal incluido.

Lo más interesante en esta competencia de analfabetismo fue la solvencia con que AF aseguró que “la globalización ha llegado para quedarse”. El profe Fernández no lee los diarios, parece: entonces, le informamos de la guerra económica entre EEUU y China, la UE y Corea del Sur. No se enteró de la suba de aranceles ni de la guerra fiscal. No sabe que Turquía invadió de nuevo Siria, perseguido por el delirio de reconstruir el imperio otomano. No se enteró del Brexit ni de la redivisión de Irlanda, del independentismo catalán o el escocés. Una nueva globalización sólo podría ser el resultado de una victoria salvaje de una gran potencia sobre todas las otras, o sea, una guerra – que sólo podría detener una revolución social. La crisis de 2007/8 asestó un golpe mortal a la ‘globalización’, desde el momento en que cada estado salió al rescate de su propia burguesía, convirtiendo a la competencia capitalista cada vez más en una competencia entre estados, aplastados a su vez por una deuda pública gigante, contraída para esos rescates. La crisis climática es el apex de la imposibilidad de una universalización de las relaciones humanas bajo el capitalismo. A despecho de todo lo anterior, AF reivindicó la “inserción en el mundo” (de Macri). Cuando se siente a negociar la deuda externa impagable con el FMI y los fondos internacionales, Fernández va a sentir el rigor de los intereses nacionales (extranjeros) que operan la globalización.

Interesante en el mismo sentido fue el ‘debate’ sobre Venezuela, pues ni unos ni otros denunciaron las gravísimas sanciones económicas de Trump – un bloqueo a la exportación de petróleo, que busca castigar también a Cuba. La intención de todo bloqueo es quebrar el país y exponerlo a una acción militar. Cuando Fernández, a los gritos, asegura que “ningún” soldado irá a pelear contra Venezuela, se olvida que fueron y que lo hicieron bajo el comando de Néstor Kirchner y de él mismo, de Fernández, en Haití, durante dos décadas ya, para subrogar una invasión norteamericana. ¡Siguen allí! En Haití se realizan ejercicios de represión interior y combate urbano, que está formalmente prohibidos en Argentina y en los países que integran el ejército ‘latinoamericano’.

A la luz de esta mediocridad de los expositores habría habido que hacer “un minuto de silencio” por la muerte sin sepultura de los dirigentes de la burguesía argentina. Nicolás del Caño lo pidió, en cambio, para los muertos de la rebelión ecuatoriana (asesinados por la represión). ¿Cabe compartir ese momento de recogimiento con los jefes políticos de la burguesía argentina – los mismos que han sacado en el pasado, sacan ahora y sacaran próximamente la represión a la calle contra la rebelión argentina? ¿No debía, por el contrario, ser presentado como una denuncia contra ellos – su pasado, presente y futuro? El ‘minuto de silencio’ no solamente es parte del efectismo mediático que caracteriza a la campaña electoral del FIT-U. Fue pedido en el mismo momento en que el movimiento indígena imponía una capitulación a Lenin Moreno, en un debate también televisado. Quedó estampado que la rebelión popular es el punto de partida necesario de una salida para las masas. Del Caño no lo sabía, porque las televisaciones eran simultáneas. Pero no era necesario saberlo para usar la palabra, no para “un minuto de silencio” desmoralizador, sino para decir que el FIT-U caracteriza a la rebelión popular como el punto de partida de una salida para las masas; que por la vía del FMI Argentina iba otra vez en ese camino, y que el método político y el objetivo estratégico del FIT-U era luchar por una dirección obrera y socialista a esa rebelión. Para eso los revolucionarios vamos a elecciones, no para ‘fortalecernos en el Congreso’. El ´minuto de silencio´, en cualquier caso, resultó un guante a la medida de la línea derrotista con la cual el FIT-U justifica su electoralismo.

Los debates regimentados como los que ordena la ley son una traba para el desarrollo de las ideas que se plantean; es por eso que son así, a pedido de los dirigentes patronales que se ven en el podio de la elección. Han quedado al desnudo pero no desenmascarados. De todos modos, sus planteos son archi-conocidos y el pueblo sabe que no son una salida. Es lo que quedará claro, mediante la lucha, cuando la crisis actual alcance sus dimensiones mayores.

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