La disolución de la CTA en la CGT

Por Federico Cano para Política Obrera.

El anuncio de una reunificación de la CTA en la CGT tiene como base el “pacto social” que es la piedra basal de la política de un gobierno Fernández-Fernández. La verdadera inspiradora del pacto es CFK. F-F pretenden negociar con el FMI y los usureros internacionales, ofreciendo como garantía el respaldo de la burocracia sindical. La ‘unidad’ en cuestión no opera para defender a la clase obrera, sino como guardaespaldas de un ataque contra ella. Dados los extremos que ha alcanzado la crisis capitalista, naufragarán una y otra sin remedio. El voto del Congreso a la “emergencia alimentaria” (con la sola exclusión de Izquierda Socialista) fue el primer paso del “pacto social”, seguido por la capitulación de la burocracia del sindicato de pilotos.

El co-gobierno devaluado que pretende el acabado Macri y el adelanto de un pacto social que busca la fórmula F-F son iniciativas que no encuentran rumbo. Por un lado la crisis de la deuda y del Banco Central, el derrumbe industrial, y el crecimiento imparable de la pobreza y por el otro lado una tendencia a la acción directa que se expresa en reclamos de aumentos emergencia, la reapertura de paritarias, las ocupaciones contra los cierres de fábrica, los recursos preventivos truchos y los despidos, hicieron entrar en crisis los planteos de “colaborar para la gobernabilidad”. Desde hace tiempo que el despedazamiento sin principios de la CTA y de sus principales sindicatos preanunciaba su retorno a una CGT. Un sector de la CGT propone que los sindicatos de la CTA se re-afilien de a uno a la CGT, sin pactos de ninguna clase. El “retorno” a la CGT “del sindicalismo empresarial” es el último clavo en el ataúd del centroizquierdismo argentino, luego de la experiencia que comenzó hace 29 años en rechazo a las entregas del cegetismo al gobierno de Menem. La decisión de la CTA es otro clavo en el ataúd del “pacto social”.

Del vaciamiento al pacto social

Mientras se realizaba el acto de la CTA en Lanús, los aeronáuticos eran presionados por AF para levantar la huelga, sin que Yasky y Palazzo abrieran el pico. El decreto de modificación de las ART, dictado por Macri, también es parte de ese pacto, porque le ahorra hacerlo al próximo gobierno. De este modo, el futuro pacto se plasma en la ‘transición ordenada’. Tampoco se dijo nada de los bonos o la recomposición salarial. Sin una sola mención a la lucha Chubut, que la CTERA, integrante de la CTA, abandona a su suerte condicionando su alcance e impulso nacional, el yaskismo propuso subordinar las energías del movimiento obrero en el proceso electoral.

La primera mención del proclamado candidato de la CTA fue a Carlos Tomada, el ex ministro de Trabajo cómplice del crimen de Mariano Ferreyra. Los esfuerzos apuntan a lograr una mayoría que respalde al gobierno entrante -en un escenario que no ofrece ninguna perspectiva de crecimiento económico- y no en la acción directa, como hacen los trabajadores de Chubut, del SUTNA, Aceiteros o los de Kimberly Clark, Mielcitas, Ansabo, etc. La caracterización y la estrategia de la CTA chocan de frente contra una realidad agobiante.

El Congreso de la CTA fue una farsa. Sin ninguna deliberación de trabajadores y trabajadoras de sus gremios de base, Yasky despachó dos “mociones” votadas por “unanimidad” contradictorias, a saber: la unificación del movimiento sindical argentino y la subordinación de éste al pacto social. La proclamación electoral de Alberto Fernández pretendió ocultar, tras la apelación repetitiva a la unidad, las enormes fisuras que tiene la burocracia sindical para lograr un realineamiento pleno detrás del candidato que menos de un día antes era recibido por la cúpula de la UIA que le exigió una reforma laboral. Nada se dijo sobre cómo se resolverán las enormes disputas entre ATE y UPCN, los trabajadores del Subte y la UTA, las negativas de la CTA de Godoy y los condicionamientos de Micheli. El activismo se enfrentará rápidamente a estas limitaciones insalvables. Y a un dato político: el desplome de la expresión política del progresismo sindical, la centroizquierda y el kirchnerismo sindical.

Nuestra perspectiva

Las contradicciones y tensiones políticas que asume el candidato del peronismo, en un escenario de acentuación de la crisis económica, golpean directamente los armados de la burocracia sindical que lejos está de “poner en regla” a las comisiones internas, cuerpos de delegados, sindicatos recuperados y regionales enteras que se ponen de pie. Esas contradicciones expresan que la crisis del conjunto del régimen político opera también en el seno de los armados artificiales de las conducciones sindicales. Ningún interés estratégico, propio y genuino de la clase obrera se juega en esta maniobra de aparatos. El anuncio, que Yasky caracterizó de “histórico”, en las condiciones actuales supone un lastre para el movimiento obrero.

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