El derrumbe electoral del FIT-Unidad

Por Marcelo Ramal para Política Obrera.

Las elecciones generales del domingo implicaron un derrumbe electoral inapelable para el Frente de Izquierda, incluso en su versión ampliada con la inclusión de fuerzas como el MST y Poder Popular. Los 555.000 votos obtenidos representan una caída del 32% respecto de las presidenciales del 2015, cuando se obtuvieron casi 700.000 votos. El porcentaje alcanzado ahora (2.16%) es incluso inferior al de la primera elección del FIT (2011) cuando se obtuvo el 2.3% de los votos emitidos.

En estas comparaciones, debe tenerse siempre presente que los datos actuales integran al MST. Respecto de las PASO de este 2019, el FIT-U también retrocedió; unos 140.000 votantes. Ni qué decir de las legislativas de 2013 o 2017, cuando superó nacionalmente al millón de votos en esos dos turnos.

Si se considera ahora el voto a diputados –que incorpora el efecto positivo del corte de boleta- la caída de la votación actual respecto de 2013/2017 (turnos sólo legislativos) es del orden del 30%. En el recuento de posiciones parlamentarias, el FIT-U sólo logró renovar un escaño en la legislatura porteña, habiendo perdido la única banca del Congreso que estaba sujeta a renovación en este turno electoral. En consecuencia, la representación parlamentaria del FIT-U a nivel nacional pasa de 3 a 2 diputados nacionales a partir de diciembre.

Desplome federal
Un repaso de los principales distritos electorales no deja excepciones en este cuadro general.

En la CABA, el FIT-U retrocedió respecto de la votación alcanzada en las PASO, del 4% al 2.9% para presidente y del 4.3 al 3.6% para Jefe de gobierno. La votación a Myriam Bregman, que aumentó sensiblemente respecto de las PASO a partir de una intensa campaña en favor del corte de boleta, estuvo basada en la agenda `de género'. Más allá de este punto, fue una campaña por afuera del FIT-U y de sus planteamientos generales. Con este apoyo, Bregman aventajó en tres décimas (6.1 a 5.8%) la votación alcanzada por el FIT-U en 2017. En aquella ocasión, Ramal compitió con el 4.3% de los votos de Zamora, quien ahora cayó al 1%. La votación de Bregman no arrastró en la misma proporción a los legisladores locales –esta vez, el FIT-U sólo pudo consagrar a uno.
En la provincia de Buenos Aires, el FIT-U perdió 70.000 votos respecto de las PASO, retrocediendo tambien en la categoría de diputados nacionales. En este caso, el corte de boleta sólo aventajó en ocho décimas (3.5% a 2.7%) a la candidatura presidencial, dejando al FIT-U fuera del reparto de bancas nacionales. Los 355.000 votos obtenidos ahora implican una caída del 30% respecto del 2017, cuando se habían obtenido casi 500.000 votos y la conquista de dos diputados.

Los datos del interior son todavía más lapidarios: en Córdoba, el FIT-U obtuvo el 2.5% a diputados, allí donde, con casi el 8%, le habían birlado una banca en 2013. En Jujuy, la candidatura a diputado nacional del FIT-U más que duplicó a la boleta presidencial, llegando al 4.2%. Pero en 2017, la boleta encabezada por Alejandro Vilca había obtenido el 18% -o sea que cayó a la cuarta parte de la votación de entonces. Lo mismo puede decirse para Mendoza, donde el FIT-U sólo consiguió el 2.2% a presidente y el 2.9% a diputado nacional, retrocediendo aún más de lo ocurrido en las provinciales desdobladas, cuando obtuvo el 3.4%. En 2013, Del Caño había conquistado una banca con el 14% de los votos en 2013. En Salta, el FIT-U en las candidaturas locales no llegó al 4% (En 2013, Pablo López fue diputado con el 19%). En Tucumán, el muy bajo guarismo a presidente -1.2%- destacó el corte de boleta en favor de Ariel Osatinsky, que duplicó a Del Caño-Del Plá.

Por encima de estos valores, se destacó la votación de Neuquén, llegando a casi el 5.5% en el voto a diputados.

Balance político
En las horas posteriores a la apertura de urnas, los voceros y partidos del FIT-U arrojaron sus primeros balances de esta votación. Culparon por el desplome, en primer lugar, a la “fuerte polarización” del retroceso electoral. Es decir que los 161 mil votos que perdió el FIT fueron a su adversario ‘predilecto’, Alberto Fernández, que cosechó 262 mil votos más que en las PASO. La pérdida de votos por una ‘polarización’ es una redundancia, o sea que no explica nada, porque siempre lo que se pierde va a otro. En este caso, la posición ‘antimacrista’ de FF mostró su superioridad política sobre la del FIT. El FIT se preparó durante dos años para una pelea discursiva contra el kirchnerismo, en detrimento de una agitación política contra el gobierno fondomonetarista del macrismo.

Un comunicado de la facción oficial del PO explica los cortes de boleta del FIT-U como la retención parcial de votos de “una parte de la base electoral del FIT-U que votó a Fernández contra Macri”. Pero esta “base electoral” se achicó, de modo que la conquistada en el pasado se fue al kirchnerismo. No nos sorprenderá que en las próximas horas se esgrima la hipótesis de un “voto conservador” (PTS) echando mano de los mayores votos obtenidos por Macri respecto a las PASO, lo que significaría que los votos del FIT en el pasado se fueron a la derecha, sea ésta los K o incluso Macri. Sólo autómatas políticos pueden consolarse con esta conclusión. Nadie en el FIT se interesa por hacer un balance de la propia política de esta coalición electoral.

En efecto, todas estas hipótesis exoneran al propio FIT-U de cualquier balance respecto de su política frente a la actual crisis de régimen. No es el electorado, sino el FIT, y sobre todo el PO, el que ha retrocedido en política y estrategia. Mientras todos los bloques políticos hicieron campaña ofreciéndose como alternativa y salida a la bancarrota nacional, El FIT-U fue a las generales “por una izquierda más fuerte, en el país y en Congreso”. Fue el planteo más parlamentarista de las fuerzas en pugna. El FIT-U no fue votado ni por el bloque que integra en los movimientos sociales.

Entre las PASO y las generales, se vivió una situación social convulsiva, empujada por un salto enorme de la inflación. En un escenario de huelgas y acampes piqueteros, el Congreso se reunió con el único propósito de sancionar la mentirosa “emergencia alimentaria”, una coartada para encausar la crisis social dentro de los cauces del régimen y aventar una rebelión en pleno proceso electoral. El voto de la izquierda a esta ley colocó al FIT-U en el carril de la “transición ordenada” y el “hay 2019” pergeñado por macristas y kirchneristas. Enseguida sus voceros reclamaron que Macri culmine su mandato y que atienda a las urgencias sociales.

El FIT-U no denunció la inviabilidad de las elecciones como canal de esta crisis, por el contrario, dijo que era el camino si se votaba a la izquierda. La campaña electoralista del FIT-U se inició hace dos años, cuando el objetivo de un “acuerdo integral” (electoral) se convirtió en la estrategia misma del PO y el FIT. Lo que terminó en un fracaso electoral fue una política electoralista. Por eso, el FIT ingresa en una severa crisis política.

Un balance electoral debe servir para examinar el conjunto de la política de la izquierda, en pos de una reestructuración revolucionaria que acabe con el carrerismo electoral. En contradicción con los métodos revolucionarios y socialistas más elementales, el FIT-U exhibió un gasto de dinero descomunal en función de una campaña publicitaria con foco en los candidatos.

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