Crisis de régimen en EEUU

Vladimir Zelenski y Donald Trump / Foto: AP
Por Emiliano (Belgrano) Política Obrera.

Tras idas y vueltas, el 24 de septiembre, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, anunció que llevará a juicio político a Donald Trump por intervenir en las elecciones de 2020 pidiendo investigar a un candidato opositor. El impeachment sólo ocurrió en pocas oportunidades en la historia norteamericana. La anterior denuncia, el “Rusiagate”, no tenía los avales políticos suficientes, pero el actual “Ucraniagate” parece tenerlos y aparece en el momento más delicado de la guerra comercial y de los acuerdos con Irán y China, y en el momento en que Trump debe decidir si revierte sanciones comerciales a varios países.

Trump denunció la acusación del Congreso como un “golpe de Estado” y retuiteó un comentario que decía que su salida dispararía una “guerra civil”. Trump salió a desmentir la acusación y a denunciar un “fraude contra el pueblo” (Clarín, 6/10).

Se teme que la base del partido republicano -aparentemente fiel a Trump- se rompa si sigue el “fuego amigo” (Clarín, 6/10). Para muchos, aunque el juicio no prospere, la intención es que lo obligue a renunciar como Nixon por Watergate. La CNN explicó que a un año de las elecciones se asiste a un choque “entre el Presidente y el Congreso” (cuyas imágenes negativas crecen a grandes pasos) y a un “Estados Unidos cada vez más dividido” (CNN, 4/10). La reelección de Trump está herida de muerte, y eso repercute sobre las reuniones por los acuerdos comerciales con China de esta semana. Es el preludio de una elección convulsionada por choques sociales y políticos.

Un escándalo de dimensiones internacionales

El pasado 25 de julio Trump llamó a su par Ucraniano, Volodymyr Zelenski en lo que comenzaba siendo una felicitación por su victoria en las recientes elecciones legislativas en Ucrania. La desgrabación de la conversación, entregada por un “soplón” al Washington Post, y que luego fue verificada y desclasificada, muestra cómo Trump y Zelenski negocian información -chantajes- a cambio de acuerdos comerciales y apoyo político. Un segundo agente de inteligencia también declaró frente al inspector general de inteligencia Michael Atkinson (El País, 7/10). Según el NYT, el segundo soplón tendría “un conocimiento más directo de los tratos de Trump con Ucrania” (ídem).

Trump acusa al hijo del candidato demócrata, el ex vicepresidente y actual senador Joe Biden, por corrupción y coimas a cambio de acuerdos con Ucrania y China durante la anterior administración. La maniobra es sacarse de encima un posible competidor. Biden encabeza intención de votos en la interna del partido demócrata, pero está por debajo de la suma que registran Bernie Sanders y Elisabeth Warren, del ala izquierda de ese partido. Una confrontación entre Trump, de un lado, y uno de los dos ‘socialistas’, marcaría una polarización única en la historia de Estados Unidos.

El hijo de Joe Biden fue contratado para la Junta ejecutiva internacional de Burisma, empresa ucraniana líder en producción gasífera, fundada en 2002, cuyo dueño es Mykola Zlochevsky, ligado al ex presidente Viktor Yanukovich que fue echado de su cargo. Zlochevsky está sospechado de abuso de poder y enriquecimiento ilícito (Washington Post, 3/10), fue acusado de otorgar concesiones a Burisma mientras era ministro de recursos naturales (2010-12). Hunter Biden fue contratado en 2014, cuando su padre era vicepresidente y estaba en excelentes vínculos con Ucrania. Viktor Shokin, fiscal general ucraniano por entonces, denunció que el Gobierno norteamericano hizo que lo echaran en 2016 al retener 1 billón de dólares en ayuda. Una de sus investigaciones tenía que ver con estos vínculos. El mismo modus operandi de demócratas y republicanos, urbi et orbi.
 

 El viernes, la Procuraduría ucraniana anunció que va a investigar el caso, pero por contratos anteriores a 2014.
 

Trump le dijo a Zelensky: “Se está hablando mucho del hijo de Biden, que Biden detuvo la investigación y mucha gente quiere saber sobre eso, así que lo que puedas hacer con el fiscal general (de EE UU) será genial” (El País).
Trump presentó en la conversación a Rudolph Giuliani -ex alcalde de Nueva York cuando Trump se dedicaba a la especulación inmobiliaria- como su “abogado personal”, y pide que se pongan en contacto con él y el procurador. El entrelazamiento de los empresarios y la política son moneda corriente en todo el mundo.

Trump declaró que “Si creemos que hay corrupción, tenemos el derecho de pedir colaboración a un país extranjero”. Pero ¿a cambio de qué?
La ayuda militar a Ucrania por 400 millones de dólares, aprobada a principios de año por el Congreso, fue “frenada” desde mayo por el secretario de defensa Mike Esper y por el Pentágono. La llamada en cuestión sucede días después. Hablaban de la compra de misiles Javeline por 39 millones de dólares, para la defensa frente a Rusia. Zelenski se quejaba de la desidia de Merkel en la ayuda militar y en las sanciones.
 

Trump reconoció haber bloqueado los fondos pero no reconoce la extorsión. En cualquier caso se trata de lo que Biden anunció como “abuso de poder”, por lo que puede quedar separado del cargo. Lo inusual es que pocos demócratas salieron a defender a Biden, a pesar de que sí atacaron en bloque los métodos de Trump.

Dijo en un twit que el soplón trabaja para la CIA, pero parece que la CIA trabaja a espaldas del presidente. A esto lo llaman “deep State” (Estado profundo), un Estado dentro del Estado, que emerge en medio de una crisis de régimen. La crisis de transición política en EEUU explotó en medio de una recesión económica, que de por sí ponía en entredicho la reelección. Ninguno de estos dos aparatos de Estado acepta el ‘apaciguamiento’ de Trump con Rusia y Putin, ni la quiebra de la OTAN, que podría ocurrir como consecuencia de la guerra económica que libra Trump contra la UE y el apoyo que otorga a un Brexit ‘duro’.

El presidente norteamericano dice estar dispuesto a llevarse por delante al Congreso con su ofensiva frente a los ataques. En medio, la guerra comercial que adelgaza su margen de maniobra, y desdibuja su intento de bonapartismo. Trump, sin embargo, parece dispuesto llevar esta crisis al límite, y producir una movilización chovinista en su apoyo, para imponer lo que los opositores le niegan: un régimen de poder personal. Este escenario es una moneda calcada de las crisis de políticas que se ensanchan a lo largo y ancho del mundo, donde gobiernos que parecían estables se desestabilizan. 

Todo lo sólido se desvanece en el aire.

La crisis política toca todas las esferas de poder
Kurt Volker, asistente del Gobierno en los asuntos en Ucrania, renunció la semana pasada y declaró que una posible reunión de los dos presidentes estaba ligada a la ayuda ucraniana a investigar las elecciones pasadas (2016) y el caso Burisma. El jefe del Comité de investigaciones de la Cámara de Representantes, Adam Schiff, dijo que “el Presidente no puede usar su poder para presionar a líderes extranjeros” (CNN, 4/10). Una injerencia en asuntos de otro Estado es cassus bellis. Schiff fue vinculado al traficante de armas ucraniano Igor Pasternak.

Mientras en la cámara baja hay mayoría demócrata, Trump está confiado que en la cámara de senadores, con mayoría republicana, será absuelto. Sin embargo, en la cámara baja los demócratas recibieron apoyo de una parte de los republicanos y necesitan sólo el apoyo de 20 de los 53 senadores republicanos. Esta crisis estalla en medio de la definición de precandidatos de ambos partidos. El lado demócrata necesita parar este golpe a Biden para evitar una elección polarizada frente a Elizabeth Warren y su competidor en las internas, Bernie Sanders.

El senador republicano Mitt Romney salió a mostrar preocupación por los lazos de Trump en este asunto, calificando el accionar del presidente como “equivocado” y “espantoso” (Clarín, 6/10), y rápidamente fue atacado por medios y redes como una forma de “disciplinamiento” para amedrentar posibles “díscolos” republicanos. Trump acusa a quien lo critica de querer debilitar a EEUU en las negociaciones con China. Los soplones son de la CIA y al menos uno de ellos estaba vinculado como asesor de Romney y del establishment republicano. Los comentarios del senador republicano alentaron a los demócratas a avanzar con el impeachment. Los mormones republicanos, también juegan al lado de Romney.

El Comité que lleva adelante el impeachment le envió una carta a Mike Pence, el vicepresidente, preguntándole por su rol en la conversación ya que sospecha que un miembro de su equipo participó de la charla. Pence tenía que ir a una inauguración del presidente ucraniano en mayo, a la cual faltó y también tuvo una charla con Zelensky en septiembre. Pence es el segundo al mando en caso de ser desplazado Trump. El “Ucraniagate” atraviesa al conjunto del régimen.

Queda en evidencia no sólo una crisis política que pone en jaque su reelección, sino una crisis de régimen que pone en cuestión al conjunto de las “instituciones democráticas”.

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