CHILE INSURGENTE

Foto: REUTERS / Rodrigo Garrido.
CHILE INSURGENTE.

La declaración del toque de queda en la mayor parte de Chile tuvo el efecto opuesto al que esperaba el gobierno y la jefatura de las fuerzas armadas: la movilización ha crecido en forma extraordinaria; se han lanzado varias convocatorias a la huelga general; contingentes enteros plantean desafiar en las calles el estado de emergencia. Portuarios y mineros han empezado un movimiento de huelga.

La rebelión popular ha desnudado el carácter fundamental del régimen político que gobierna Chile: una máscara del pinochetismo. Los militares han salido de los cuarteles en modo guerra civil – tomando posiciones de tiro para disparar contra la multitud, en tanto helicópteros mapean el territorio urbano para orientar la represión y preparar la ejecución del toque de queda. Hay decenas de muertos. Sebastián Piñera, el presidente de la derecha, lo dijo con claridad: “estamos en guerra”. En los reportajes televisivos los manifestantes admiten que no están sorprendidos por lo que ocurre: “son los mismos que bombardearon La Moneda”, en septiembre de 1973. Quien fue pillado sin ropas ha sido el gobierno, que acompañó el alza de la tarifa del subte con una nueva reducción de impuestos al capital. En Chile, las llamadas ‘reformas estructurales’ han sido llevadas hasta sus últimas consecuencias, con el previsible hundimiento de las jubilaciones, la salud y la educación mercantilizadas, y una ‘reforma laboral’ que es sinónimo de esclavización en el más literal de los términos.

La sublevación popular que abraza a Chile ha sido preparada por, al menos, dos grandes factores. Es una culminación de grandes movilizaciones de la juventud contra el carísimo arancelamiento de la educación y el enorme endeudamiento que provocado al estudiantado. En tanto la gratuidad de la enseñanza sigue presente como clavo ardiente para la juventud y sus familias, a la agenda se suma la miseria de los jubilados, en virtud de un sistema de capitalización que ha enriquecido a la Bolsa y a los especuladores financieros, a cambio de rendimientos que no alcanzan el nivel de pobreza para los pensionistas. Hace pocos meses, Chile fue sacudida por grandes manifestaciones de docentes, por los mismos motivos: bajos ingresos y ausencia de derechos. La caracterización de que la lucha actual sería “espontánea” y “descontrolada” es precisamente lo contrario: una extensión masiva de la conciencia del antagonismo irreconciliable entre el régimen pinochetista y las masas, incluso una organización de luchadores que ha sido alimentada por las experiencias de las luchas de la última década y media.

En la otra pendiente de la crisis aparece la crisis mundial, que ha golpeado las exportaciones de Chile, en especial como consecuencia de la retracción del mercado de China. La tasa de crecimiento ha caído a la mitad de lo que era cuando iba a velocidad de crucero – un 2% anual con tendencia decreciente. Esta combinación de circunstancias ha hecho decir al Financial Times (21.10) que Piñera es un “lame duck” - ‘ya fue’. Es la primera gran crisis política de Chile en el pos pinochetismo. “Algo profundo está ocurriendo en Chile”, recogió el FT de Marta Lagos, una consultora política. “Esto no es más que la punta del témpano”.

La rebelión chilena convierte en tendencia lo que algunos entendieron que había sido un hecho aislado hace dos semanas en Ecuador. La crisis capitalista mundial seguirá haciendo su trabajo demoledor en toda América Latina, en primer lugar en Argentina, donde la disolución política y social se encuentra en estado avanzado, más allá de la oportunidad de enderezarla que se arroga para sí la coalición peronista. El bloque reaccionario que ha impulsado Trump se deshace bajo el impacto de la crisis y de la rebelión popular – incluso se hace sentir en la crisis que afecta al gobierno del proto fascista norteamericano.

En la televisión chilena algunos manifestantes se manifestaron partidarios de una Constituyente que barra con todo el pinochetismo político y constitucional. La rebelión chilena abarca reclamos que superan las posibilidades de una negociación política. Para que una Constituyente cumpla ese objetivo debe partir de la convocatoria a echar a Piñera, y servir como perspectiva política para desarrollar una organización de masa de la clase obrera y reclamar una dirección clasista de la Central Única de Trabajadores. La renovación de ilusiones en un Frente Popular será utilizada por el partido comunista, integrado por completo al régimen político, para desactivar una movilización revolucionaria de los explotados chilenos.

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