Qué representa la huelga general internacional contra el "cambio climático"


Por Emiliano y Chela (Belgrano)

El último viernes, en más de 150 países, cuatro millones de personas abandonaron sus puestos de trabajo y escuelas para movilizarse a los centros políticos locales y nacionales, para protestar contra la degradación creciente del medio ambiente. La protesta se hizo de cara a la Asamblea General de Naciones Unidas y a la Conferencia de Acción Climática que tuvo lugar el 23 de septiembre. Solamente en EEUU se registraron 1.100 huelgas (Washington Post, 20/9). Una huelga de características similares está convocada para el 27 de septiembre.

Se estima que 250.000 manifestantes estuvieron presentes en Nueva York - unas 20 cuadras. Los estudiantes de muchos lugares de EEUU recibieron autorización para participar por parte de los Departamentos de Educación municipales (1,1 millones de estudiantes en NY).

Una de las caras de esta protesta fue Greta Thunberg, una joven secundaria sueca de 16 años que se hizo conocida en los medios de comunicación por marchar todos los viernes al parlamento de Estocolmo, en lo que se denominó “Skolstrejk för klimatet” o huelga escolar por el clima. Thunberg recurre a la acción directa, bajo su organización “Fridays for Future”, que utiliza el viernes como día de protesta e incita a los estudiantes a movilizarse. Dijo en una reciente entrevista que “este no es un problema que se pueda resolver utilizando menos plástico de un solo uso. Necesitamos un cambio de sistema” (CBS, 20/9).

Hace 30 años se hablaba de “revolución verde” o del “capitalismo ecológico” para referirse al fin del hambre por medio de cultivos transgénicos, que en lugar de eliminar el hambre, aumentó la tasa de mortalidad por el uso de agrotóxicos. La extensión de la frontera agropecuaria produjo más contaminación ambiental, hambre, pobreza y las migraciones forzadas.

Desde https://globalclimatestrike.net/ explican que “La huelga climática significa que las personas en todas partes salgan de sus hogares, sus oficinas, sus granjas, sus fábricas. Se necesita que todos interrumpan los negocios como de costumbre: desde estrellas del deporte, actores y maestros hasta trabajadores de la industria alimentaria, psicólogos, conductores de entregas y todo lo demás. Todos podemos participar, sean cuales sean nuestras circunstancias, al negarnos a aceptar el statu quo”. Agregan que “Algunos pasarán el día en protesta contra nuevos oleoductos y minas, o los bancos que los financian; algunos destacarán las compañías petroleras que alimentan esta crisis y los políticos que las permiten”.

Para los socialistas, el desafío que plantea la cuestión de la degradación de la naturaleza y su destrucción misma, es cómo convertirla en un método de lucha de la clase obrera. En este sentido, el control obrero adquiere una importancia superlativa como consigna de transición, pues plantea a la vez la reconversión industrial, quién paga el costo de ella, la necesidad de la planificación económica y qué clase social tiene el potencial de ponerla en marcha, y por último la internacionalización del emprendimiento, pues nada supera más las fronteras políticas nacionales que la defensa de las especies y el ambiente natural del ser humano. La emancipación humana de la explotación social no es solamente un proceso histórico sino histórico natural, pues el fin último de cualquier emancipación real es la superación de la alienación entre el ser humano y su medio natural.

No existe un capitalismo no contaminante

Una de las características de esta movilización es que se invita a las empresas a ser parte de la protesta, conminándolas a que “el 100% de la energía sea renovable” y se abandone la emisión de gases de efecto invernadero provenientes, principalmente, de combustibles fósiles. Su slogan es la “justicia climática”. Más de 7.000 empresas se “solidarizaron” con la protesta, entre ellas Microsoft y la textil Patagonia (CNN, 20/9). También la precarizadora y superexplotadora Amazon. Más de mil trabajadores de Amazon en Seattle abandonaron sus puestos de trabajo y se unieron a la manifestación frente a la alcaldía. La contaminación que emite la empresa es de 44,4 millones de toneladas métricas de carbón, lo que equivale a la emisión de una pequeña nación (CBS, 20/9). Otras empresas hicieron menciones en sus sitios web sobre la crisis ambiental.

En los Acuerdos de París de 2015 se hicieron presentes los ‘lobbys’ de las empresas más contaminantes del mundo. Shell, Exxon y Chevron invierten miles de millones en el desarrollo de proyectos para “capturar” carbono en la atmósfera, embarcados en un gran negociado que hacen depender primero del agotamiento de los combustibles fósiles. Según un informe, 100 empresas son responsables del 71% de las emisiones mundiales desde 1988 (Carbon Majors Report), entre ellas la estatal saudí Aramco. Una quinta parte de las emisiones industriales contaminantes provienen de inversiones estatales. Estatismo no es socialismo, como se puede ver.

Empresas como Apple, Microsoft, Facebook, y otras de Silicon Valley, presionan para ser parte de las inversiones estatales que saldrán de la explotación obrera para financiar las energías renovables e incluso hacerse un “lavado de cara” por sus fraudes y desastres. El intento del capitalismo francés de financiar una reconversión trucha de la industria, por medio de impuestos a las naftas, o sea a los trabajadores, fue una de las causas principales que dieron orígen a los “chalecos amarillos”.

Crisis ambiental y guerra comercial

La competencia capitalista que adoptó la forma de “guerra comercial” pasa factura al medio ambiente y pone a la humanidad al borde de la catástrofe. El único año en que no aumentaron las emisiones contaminantes fue 2009, luego de la recesión producida por la crisis mundial. Mientras tanto, la crisis ambiental crece a pasos de gigante.

Los acuerdos de París fueron una victoria de los ‘lobbys’ imperialistas contaminadores, que incluso celebraron el gobierno de Macri y la oposición peronista. Trump, sin embargo, desconoció esos acuerdos, con la clara finalidad de cargar los costos de un control ambiental sobre sus rivales. La Unión Europea utiliza el pretexto del uso de semillas modificadas y pesticidas para proteger sus intereses agrarios de los de EEU, Brasil o Argentina.

La política del capital norteamericano y europeo fue imponer estándares laborales y ambientales a otros países mediante acuerdos comerciales y financieros. La producción energética de China se basa todavía en el carbón, y su industria estatal explica el 15% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. La energía para el gigante asiático es un asunto vital, pero es precisamente en la industria de los paneles solares donde se han producido los principales choques de Alemania contra China. Una de las empresas norteamericanas que más invirtió en China, Tesla, productora de automóviles eléctricos, pretende dominar la industria desplazando a la industria tradicional a combustión. Muchas empresas –causantes de la degradación de las condiciones de vida de millones de seres humanos– se anotan en los negocios de la energía renovable. Los que acuerdan no contaminar en un lado, lo hacen en otro, siguiendo la ruta de los negocios. Los negocios “verdes” también están atados al impasse de la economía mundial, por eso muchas de esas inversiones quedarán en “stand by”.

Alemania, la más industrial de Europa, va a estar muy por encima de los pronósticos de emisión para 2020. La debilitada Merkel tomó resoluciones para hacer frente a la recesión: un paquete de 60.000 millones de dólares de inversiones en edificios verdes, trenes y vehículos eléctricos. Esto se convertirá en un jugoso acuerdo para empresas que se encuentran de ambos lados del mostrador. En Alemania la automotriz Volkswagen fue multada en EEUU por infringir las normas de emisión. Pero como VW representa el 10% del PBI alemán, la empresa allí no recibió sanciones de peso. Ahora la misma empresa quiere construir autos ecológicos. En Alemania, el sindicato Ver.di del sector de servicios, que cuenta con 2 millones de afiliados, llamó a la huelga de esta semana por el ‘cambio climático.

En Gran Bretaña, lo hizo el sindicato nacional TUC, de 5 millones de miembros, a pedido del sindicato docente: 30 minutos de paro. Jeremy Corbyn, líder del laborismo y posible reemplazo de Boris Johnson tras la disolución del Parlamento por parte de la Reina, dijo que el combate al ‘cambio climático’ es “una total y absoluta prioridad” (CNN, 20/9). Prometió “nacionalizar” varias empresas altamente contaminantes, lo que convertirá al debilitado estado británico en el financista de una reconversión – imposible. Los trabajadores británicos se harían cargo de los costos de la contaminación causada por la clase capitalista.

En GB uno de los impulsores de la protesta, Extinction Rebellion, logró forzar hace unos meses una declaración de “emergencia climática” en la legislatura londinense. Propusieron también la convocatoria de una “Asamblea ciudadana” para debatir el ‘cambio climático’. El crecimiento de Extintion fue impresionante en los últimos meses (The New Yorker, 21/7). Estos grupos de “desobediencia civil” se denominan “anticapitalistas”; sus integrantes provienen de grupos de protesta que emergieron de la crisis de 2008.

Algunos políticos, como el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, reclamaron por un “Nuevo Pacto Verde” (New Green Deal). Este “Pacto Verde” hace referencia al “New Deal” de la era de Roosevelt en la década de 1930. Alexandria Ocasio-Cortez, congresista demócrata por New York, introdujo el Green New Deal, pidiendo que el 100% de la energía en EEUU sea renovable para 2030. Junto a Bernie Sanders dicen que será una nueva oportunidad para crear “empleos verdes”. Wall Street promueve las inversiones necesarias para la “economía verde” o el “Green New Deal”. Bingo.

El co-gobierno y la crisis ambiental
En Argentina la movilización se hizo frente a la Casa Rosada con la consigna “no queremos ser el basurero del mundo”, en referencia al reciente decreto de Macri que flexibiliza la importación de residuos contaminantes (El País, 21/9).

El gobierno de Macri y la oposición peronista-kirchnerista han aprobado el Acuerdo de París, porque no toca la contaminación del suelo por los agroquímicos, ni computa la pérdida que ello ocasiona en la capacidad de la tierra para absorber carbono. Tampoco se refiere a la inmensa desforestación en Salta, Chaco o Santiago. Pero la cosa no queda allí. La solución que plantea la dupla vencedora en las PASO, la de Fernández-Fernández, para salir de la crisis y de la sequía de dólares, es invadir de capitales Vaca Muerta, la extracción por medio de la quiebra rocosa.

Alberto Fernández ya dijo que en su esquema la entrada de dólares comerciales es vital. Por eso se ha convertido en ‘lobbysta’ de los pulpos de Vaca Muerta y de la minería, altamente contaminante. La degradación del medio ambiente en beneficio de los monopolios es la carta de presentación del impulsor del “pacto social”. La producción de biocombustibles y de ganado forma parte los nuevos acuerdos comerciales que se ensayan con China, a través de la expansión de la frontera agrícola-ganadera por medio del desmonte y la deforestación. Este proceso estuvo detrás de los incendios del Amazonas, y que en Argentina conduce al avance del cáncer y las inundaciones en las zonas de agrocultivos. Un informe del Instituto de impacto global de Postdam, por el aumento de la temperatura global los cultivos de maíz y soja pueden caer entre el 22 y el 49% en los próximos años. El FMI aspira, sin embargo, a que estos negocios sean la garantía de un reperfilamiento de deuda.

La salida es el socialismo
La lucha contra el cambio climático entra en una etapa decisiva al ritmo de una nueva fase de la crisis mundial. Esta es una caracterización fundamental. Los acuerdos globales generales, y contra la polución en particular, han fracasado. El socialismo debe abrir una transición histórica: la abolición real de la explotación social y la superación de la alienación humanidad-naturaleza que ha introducido la propiedad privada, representará un pasaje histórico sin precedentes, del que el socialismo constituye sus primeros cimientos. Todos los conocimientos acumulados por la especie humana se ponen al servicio de esta emancipación, cuando ahora son instrumentos de mayor precariedad y esclavitud, e incluso de barbarie climática. Por eso es muy justo alinear a la crisis de la dirección revolucionaria con la crisis de la humanidad.

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