Frente de Todos y Vaca Muerta: una propuesta semi-colonial



Por Jorge Altamira

Cuando Macri se vio forzado a establecer un conjunto de medidas de emergencia ante el agravamiento del colapso financiero, sorprendió que Alberto Fernández apuntara la crítica exclusivamente al congelamiento falso de las tarifas de los combustibles. El tope al precio de las naftas era, al fin de cuentas, un alivio al ‘bolsillo de los argentinos’ que AF promete llenar. Que el precio doméstico de los combustibles quedara desvinculado de la cotización internacional tampoco debía disgustarle, porque ya había declarado, en repetidas oportunidades, su intención de desdolarizar no solamente esas tarifas sino el conjunto del sistema de precios interno, en especial los alimentos.

Sea como fuere, el desacuerdo de Fernández con el pseudo congelamiento estaba en sintonía con las críticas que realizaban las mismas petroleras. Las sospechas de que detrás de esta coincidencia podían existir intenciones de mayor alcance, estaba alimentada por las quejas de AF por la baja cotización de la semi-privatizada YPF en las bolsas internacionales y por declaraciones reiteradas de apoyo a las explotaciones mineras. Guillermo Nielsen, el negociador de la deuda externa bajo el primer gobierno kirchnerista, había sostenido, en un largo reportaje reciente que le realizó Fontevecchia, el director de Perfil, que un gobierno F-F impulsaría en forma decisiva el desarrollo de Vaca Muerta – el principal interés de las grandes petroleras. No había nada nuevo aquí, porque a ese interés respondió el acuerdo YPF-Chevron, en 2013, impulsado por el CFK y Kicillof, que contiene cláusulas ruinosas para las finanzas públicas, que el kirchnerismo primero y el macrismo después se han negado a revelar.

El domingo último, en la sección Economía de Clarín, Cledis Candelaresi introduce una mayor claridad en el asunto. En efecto, ya hay un borrador de proyecto de ley elaborado por “un equipo interdisciplinario y heterogéneo (que) incluye a algunas empresas que operan en el mercado”. El “interés común”, informa la periodista, es “no tener restricciones para exportar y disponer libremente de las divisas obtenidas”. Cuando se tiene en cuenta el porcentaje extraordinario que ocupa la renta minera en el precio del petróleo y el gas, esa disposición equivale al derecho a expatriar la casi totalidad de la producción de combustibles. La expatriación de los beneficios es precisamente el motivo por el cual Chevron e YPF armaron cuentas paralelas que sorteaban las restricciones que existía bajo el gobierno anterior.

Candelaresi dice que las empresas “estarían dispuestas a mantener el congelamiento tarifario por un par de años” y, en otro lugar, que han “puesto como condición previa poder exportar libremente sin sujetarse a la obligación de priorizar el mercado interno”. El planteo es en parte tramposo, porque, de un lado, una mayor exportación de combustible y un eventual superávit comercial dejaría estable la cotización internacional del peso y por lo tanto la tarifa interna del combustible sin necesidad de congelamientos. De otro lado, dada la tendencia a la sobreproducción internacional de combustibles, un congelamiento de tarifas podría poner al precio interno por encima del internacional. En todo caso, un superávit comercial estructural encarecería el peso, con el consiguiente perjuicio para la industria.

El borrador de proyecto de ley del expectante gobierno nacional y popular, prevé que los contratos con las petroleras tengan el carácter de ley, de modo que solamente podrían ser alterados por el Congreso con el acuerdo de las compañías, las cuales tendrían derecho a apelar cualquier resolución ante los tribunales del Banco Mundial. En definitiva, el estado nacional quedaría supeditado a un organismo financiero que controlan los grandes fondos internacionales.

En la misma veta ‘populista’, se buscaría que las compañías petroleras depositen parte de sus ganancias en un Fondo en el exterior, que opere como prestamista de Argentina, o sea como una fuente de endeudamiento. Aunque esto sea presentado como una reversión de dinero al país, es claro que las petroleras se convertirían en acreedoras internacionales, con todo el derecho de supervisión que corresponde sobre el destino de su dinero.

El desarrollo de Vaca Muerta supone reducir considerablemente el costo de producción y el precio del gas no convencional, lo cual no ocurrirá por mucho tiempo. Esto supone grandes inversiones y el acceso a los mercados internacionales, que se encuentran dominados por varios monopolios establecidos. Existe incluso una guerra comercial en este rubro, como lo evidencia la presión de Trump contra la construcción de un segundo gasoducto en el norte de Europa por la rusa Gazprom. Para colocar en el exterior el gas de Vaca Muerta habría que subsidiarlo, lo que ya ocurre, desde que fueran inaugurados por Kicillof. Para que el yacimiento neuquino pueda competir en costo con los norteamericanos es necesaria una condición que Argentina no tiene: una tasa de interés extraordinariamente baja – la verdadera razón del crecimiento de compañías independientes en Estados Unidos.

El diseño para Vaca Muerta, que Candelaresi pone bajo responsabilidad de Guillermo Nielsen, se repite para la explotación de la minería a cielo abierto y para el litio. Recordemos la cálida reunión de CFK con el presidente de Barrick Gold en Canadá y su empeño en bloquear la ley de protección de glaciares. Todo esto supone, en su conjunto, una re-primarización extraordinaria de la economía. Supone también una violenta agresión al medio ambiente – lo que no ha impedido el apoyo K a la huelga internacional de la semana pasada. En el emprendimiento tienen un manifiesto interés empresas como Tecpetrol de Techint o la reciente Visa, dirigida por un amigo de la casa, Miguel Galuccio, un kirchnerista que fue presidente de YPF. Pugnan también los chinos, que está asociados a Bulgheroni en Pan American Energy. Tecpetrol se encuentra en litigio judicial con el Estado nacional por un supuesto incumplimiento de contrato de parte de Macri en el pago de subsidios.

El programa del Frente de Todos tiene como pilar estratégico la alianza con los pulpos internacionales de la energía y una generosa promesa de subsidios. La centralidad estratégica de los pulpos petroleros-gasíferos en Argentina, refuerza la dominación del capital financiero en el país.

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