El FMI presiona, los Fernández pestañean

El jueves pasado Alberto Fernández rompió una regla de oro de los términos con que decidió encarar la campaña electoral, cuando confesó, en un almuerzo en la Fundación Mediterránea, su política con relación a la renegociación a la deuda externa. Hasta ahora había hecho 'mutis por el foro', con el argumento de que sólo era un candidato que debía esperar su elección como Presidente. Incluso se podría suponer que no quería mostrar sus cartas hasta no abrir una discusión de carácter oficial con el FMI. Cuando objetó la conveniencia de realizar el debate presidencial, establecido por ley, se amparó en que el adelanto de definiciones políticas en ese cruce podría convertirse en negativo para la marcha de la economía. En definitiva, Argentina inauguraba un estilo inédito de campaña electoral, al reivindicar la necesidad de mantener al electorado en la ignorancia acerca de los planteos o propuestas de los contendientes. No hay como una bancarrota económica y política para que naufraguen los modos democráticos y constitucionales de los que se jactan los políticos de turno.

El pulgar de Trump
Lo que forzó a Fernández a soltar la liebre fue el pasaje de Macri y Lacunza por Nueva York, donde el FMI les negó la entrega de la última cuota del rescate financiero, de u$s5.400 millones. La agencia Moody's, además, le bajó varios escalones a la calificación de la deuda de Argentina y la declaró oficialmente en default. Estampó, de este modo, el juicio de la banca internacional y los fondos especulativos. El representante de EEUU en el FMI fue más lejos, porque dio a entender que una refinanciación de deuda estaba sujeta al consentimiento de Donald Trump, que exigía un acompañamiento político a la ofensiva contra Venezuela y Cuba, e incluso a un freno a la presencia comercial y financiera de China en América Latina. Ante este embate, el gobierno de Uruguay decidió retirarse del Tratado Interamericano de Seguridad (TIAR).

Los economistas locales concluyeron enseguida que la retención de la cuota y estos condicionamientos ponían en peligro el pago de los vencimientos hasta diciembre de la deuda que no fue 'reperfilada', y se reanudó el temor de que, en estas circunstancias, Macri no concluyera su mandato. El macrismo podría descubrir, en la noche del 27 de octubre, que "sí, se puede", perder por un margen considerablemente superior al del fatídico 11 de agosto.

Un conjunto de factores puede desatar una mayor devaluación del peso, empezando por una emigración de depósitos bancarios al dólar. Atestigua esta tendencia la existencia de dos o tres mercados de divisas, con diferencias de cotización del 20 al 30 por ciento. Los fondos internacionales, que incidirán en forma decisiva en la renegociación de la deuda, reclaman al Banco Central que el pago de los dólares futuros se haga de acuerdo a la cotización más alta, la de la Bolsa, desplazando la referencia al dólar oficial. La reiterada promesa de los Fernández, de que bajarían el extravagante nivel de las tasas de interés del Banco Central, solamente podría ejecutarse, en estas circunstancias, mediante el reemplazo compulsivo de los depósitos bancarios por un bono, sin renegociación de por medio. Además de interferir en el renegociación de la deuda externa o dolarizada, este canje forzado provocaría una demanda mayor de dólares. La deuda externa no opera como un factor aislado sino que afecta al conjunto de las variables de la economía.

La variante charrúa
De las cuatro versiones más señaladas para el manejo de una crisis de deuda, a saber, Grecia, Ucrania, Portugal, Uruguay, Fernández les dijo a los 'mediterráneos' que estaba decidido por la más 'benigna' para los capitalistas – la negociada en la otra orilla en 2003, que alarga plazos pero no establece quitas de capital ni de intereses. Es una copia del proyecto de 'reperfilamiento' que Macri y Lacunza enviaron al Congreso. Fernández sabe, aunque no lo dice, que Uruguay se pudo acoger a esa ventaja, debido al temor de que el default de la deuda Argentina se tetanizara a Brasil o incluso a Colombia. A Uruguay, de todos modos, le fue impuesto un enorme ajuste fiscal y financiero, que se alivió como consecuencia del alza impresionante de los precios de la exportación de soja. El representante de Moody's le advirtió al presidente 'in pectore', que no existe ninguna posibilidad de un boom de precios para las materias primas en la situación actual de la economía mundial.

Para poner buena cara al mal tiempo, Fernández desempolvó el relato de CFK y Kicillof, que empina a Vaca Muerta a un lugar estratégico a Vaca Muerta, acompañado por el 'lobbysta' Guillermo Nielsen. Ha vuelto a prometer que las petroleras podrán retener las divisas de exportación en el exterior y que gozarán de "estabilidad cambiaria e impositiva", o sea que cobrarán a precios internacionales y quedarán afuera de cualquier clase de retenciones. Pocos días antes, sin embargo, los diarios informaban de una parálisis de inversiones y de producción en esa cuenca, alegando una sequía de crédito internacional para los proyectos.

O sea que Fernández deberá primero conceder a las exigencias del FMI si quiere mover los yacimientos, aunque esto tampoco alcanza. Es que los costos de producción son casi el doble de los equivalentes en Estados Unidos, de modo que la 'rentabilidad', a mediano plazo, solamente puede ser alcanzada por medio de subsidios, que mejoran los ingresos de los pulpos en un 70 por ciento. Esto fue lo que Paolo Rocca exigió desde el primer momento, que enseguida consiguió y que Fernández promete continuar.

La rentabilidad depende también del precio internacional, que en el caso del barril de petróleo no debería bajar de los 50 dólares. Los mercados para el gas son muy distantes (China, India) y antes requieren de una gran infraestructura de licuefacción y regasificación, además de enfrentar la competencia de Rusia, que ha construido con China enorme gasoductos. Una visión más realista la ofreció hace tiempo Hugo Chávez, quien no se ha distinguido por el realismo, cuando propuso construir el gasoducto del sur, que debía atravesar de norte a sur a toda América Latina.

El 'reperfilamiento' a la K, de Alberto Fernández, lejos de representar un perjuicio para los especuladores, sería el negociado 'mais grande do mundo'. En tanto los charlatanes que supimos conseguir aseguran que un alargamiento de los vencimientos va en detrimento del "valor presente" del capital, esto depende de la tendencia de la tasa de interés internacional. Cerca de u$s20 billones de deuda mundial se cotiza a tasa de interés negativa; un aplazamiento de la devolución del capital, con tasas de interés en dólares de alrededor del 10% anual, convertiría en cautivo de privilegio al mercado de deuda de Argentina, con un potencial de valorización sin precedentes, porque parte de un precio corriente de menos de 40 centavos de dólar.

Claro que para llegar a esto el futuro gobierno debería comprometerse a un ajuste colosal, supervisado por el FMI y los bancos. De acuerdo al FMI, habría que bajar el gasto público, del 40% del PBI al 25 por ciento. Supone quebrar el sistema jubilatorio y consolidar la desvalorización de los salarios, que Fernández prometió, por el contrario, revalorizar en un 20 por ciento. Si el gobierno peronista se propone hacer más macrismo sin Macri, Argentina podría reanudar el ciclo de los gobiernos peronistas que no terminan mandato (1955, 1976), aunque esta vez no por un golpe militar sino por una rebelión popular. El informante de Moody's llamó a esta contradicción insuperable el "riesgo político" de Argentina. El próximo gobierno enfrenta a dos sujetos históricos – el capital internacional, con el que comparte intereses de clase, por un lado, y la clase obrera, por el otro. El equivalente de la 'pobreza cero' del macrismo, en 2015, es el compromiso de Fernández de "no pagaremos a los acreedores a costa de los jubilados y los trabajadores".

El pago de la deuda internacional es incompatible con cualquier atenuación de la miseria social de las masas. Es una contradicción que no se va a zanjar en un debate público sino por el choque de fuerzas que representan el capital internacional, de un lado, y los trabajadores, del otro. Por eso importan las consignas políticas estratégicas: Fuera los gobiernos capitalistas, revocar los poderes del estado mediante una Constituyente Soberana, por un gobierno de trabajadores, por un partido obrero de masas y revolucionario.