El FIT-U en las vísperas de las elecciones generales


Por Emiliano Gastón Fabris para Politica Obrera

Los resultados de las PASO del 11 de agosto pasado no merecieron siquiera el menor balance crítico por parte de las direcciones del FIT-U, aun cuando marcaron un retroceso electoral sin atenuantes. Reaccionaron como lo hizo el macrismo, que buscó, 'groggy', el rincón del cuadrilátero. Es lo que habían hecho antes con las elecciones desdobladas en Santa Fe, Salta, Córdoba, Mendoza, Jujuy, o en Chaco, Catamarca, Misiones, Formosa, San Juan, Santiago del Estero, donde no se llegó al 1,5 por ciento. En lugar de una reflexión, se conjugaron para responder con improperios los análisis y caracterizaciones que hizo Altamira. 

Este ocultamiento se reactivó en las cuatro elecciones municipales recientes en Mendoza, y se repite ahora en Neuquén. En la capital de la provincia, el FIT-U obtuvo 8.197 votos para la Intendencia, 609 sufragios más que los 7.588 que sumó con el frente del MST-MAS en el 2015. Si se considera la categoría de concejales hay, sin embargo, un retroceso marcado con relación a 2017 ya que la izquierda en su conjunto pasó de aquellos 19.457 votos a los 9.065 actuales, o sea, casi diez mil papeletas menos. Para el oficialismo del PO, esta caída fue presentada de otro modo: "el FIT se refuerza", dicen en la prensa, con el pretexto de que se agrega otro concejal a la existente. 

En referencia a las elecciones en Plottier, Neuquén, y en Bariloche, Río Negro, los guarismos electorales no cambian significativamente con respecto a elecciones pasadas, pero son presentados como un progreso por lo cerca que estuvieron de permitir la consagración de un concejal en cada distrito. 

En definitiva, el FIT-U sigue celebrando votaciones que fueron un retroceso, en la mayoría de los casos mayúsculo, dentro de lo que califica "un cuadro de elecciones polarizadas". Este método lo exime del análisis de por qué las elecciones se polarizaron entre dos sectores políticamente agotados, mientras la izquierda no ha logrado meter siquiera una cuña en esa 'polarización' –al revés, ha sido víctima de ella, o sea perdiendo un porcentaje elevado de electores a favor de los polos capitalistas. La etapa que precede a las elecciones (y que se ha acentuado desde entonces) se ha caracterizado no solamente por una profunda crisis del régimen económico, social y político, sino por la responsabilidad y complicidad del peronismo que se impone en esa 'polarización'. 

La elección del próximo 27 de octubre ya no está afectada por un fingida polarización sino por la 'unipolaridad', es decir por la capitalización política transitoria de la crisis por parte del peronismo. El FIT-U no mete una cuña en ella, sino que ella se la mete al FIT-U. Los spots del FIT-U se quieren meter en este escenario tardíamente, con el mensaje de 'Macri ya fue', para rescatar algún voto peronista para un corte de boleta. Pero si ´Macri ya fue´, no fue la izquierda quien "lo fue", porque se empeñó a muerte en no levantar la consigna Fuera Macri, a la que atribuía un carácter 'kirchnerista'. Lo que resultó 'kirchnerista' fue rechazar ese slogan, que fue mentirosamente monopolizado, precisamente por el kirchnerismo. En un comentario acerca de las elecciones de Mendoza en junio, el oficialismo del PO señaló, frente a una tardía admisión de retroceso electoral en esa provincia, que "el movimiento obrero organizado no ha intervenido, ya no en el proceso electoral, sino en la crisis en curso". Falso. Ninguna clase social puede evadirse de un derrumbe; sí lo intentó el FIT al oponerse a desarrollar una campaña para echar a Macri. Los trabajadores que optaron por F-F, a diferencia de 2015 y de 2017, le quitaron al macrismo el oxígeno que le quedaba y han puesto en jaque la continuidad de la hegemonía política del FMI. El mate depende, como es obvio, de una movilización de masa de la clase obrera.

La autoproclamación viene siempre acompañada de una torpe ceguera política. En el cuadro de una crisis que no cesa, el FIT-U sigue sin presentar un planteo de poder, que una victoria de F-F habrá de acentuar. En la prensa corriente hay preocupación por la transición a las elecciones generales y, más todavía, hacia diciembre. Algunos columnistas reputados (Carlos Pagni) aseguran que hay señales de una brecha entre F y F, mientras los kirchneristas insisten en que el Frente de Todos es, no el peronismo unificado, sino "una coalición", adelantando choques y transas. A pesar de todo esto, el FIT-U sigue renegando de su programa oficial, que plantea una Constituyente soberana, y en el caso del PO de las consignas votadas en el último Congreso. El colmo de todo esto es ver a representantes destacados del FIT-U y PO insistir en que quieren que Macri complete su mandato ante cualquier micrófono que le acerquen a la boca. Estos son los pergaminos centralistas democráticos de las fracciones dedicadas a ocultar el retroceso del FIT. No es un síntoma saludable para la lucha que hay que dar para el 27 de octubre. 

Un balance de mayo de 2019, de Jorge Altamira sobre el desplome electoral del FIT en Córdoba, advirtió a tiempo este retroceso, que muchos dirigentes del PTS, calificaron como aislado y a las conclusiones como arbitrarias. En dicho artículo, Altamira señalaba que "un principio de balance de estos resultados no hay que buscarlos en la campaña electoral misma tomada en su conjunto. Las alternativas políticas no emergen en las elecciones sino antes de ellas; se deben presentar en ellas como alternativas establecidas". 

Como se puede ver, la Tendencia que reclama su reconocimiento por el oficialismo en el PO, tiene una sólida base de principios.