Alberto Fernández destapó la olla


Por Jorge Altamira
Las declaraciones de Alberto Fernández acerca de la intención del kirchnerismo de alterar el régimen monetario vigente han introducido el único momento de verdad en la engañosa campaña electoral de este año. Denunció a las Letras de Liquidez que emite el Banco Central, más conocidas como Leliq, como responsables de los enormes beneficios que obtienen los bancos, en detrimento de las jubilaciones y los salarios. Las Leliqs representan una deuda del Banco Central con los bancos, que alcanza en la actualidad al billon y medio de pesos (u$s 30 mil millones) y que crece en forma de espiral debido a los intereses que paga por ellas – entre el 60 y el 90% nominal al año, que llega a bastante arriba del ciento por ciento, porque esos intereses se capitalizan cada semana y rinden en consecuencia nuevos intereses. Este esquema ha liquidado el sistema de crédito, convirtiéndose en una de las causas más poderosas de la crisis industrial y comercial, y del derrumbe del consumo personal y de las condiciones de vida de los trabajadores.

Las intenciones de AF, tan loables en apariencia, obtuvieron una respuesta singular – una crítica desde su propio campo y la atribución del planteo a la ignorancia del candidato sobre las cuestiones económicas. Incluso el oficialismo se distinguió por la sobriedad. Solamente algunos comentarios aislados han avizorado de lo que podría tratarse. El régimen de Leliq es conocido en la historia de las estafas económicas como el “esquema Ponzi”, que consiste en contraer deudas cada vez mayores a tasas de interés crecientes, para hacer frente a las deudas contraídas con anterioridad. Por medio del ingreso de capitales que vienen en búsqueda de esa tasa de interés astronómica, este régimen monetario financia la salida de capitales y una parte del pago de la deuda pública,. Alberto Fernández evitó decir que los “esquemas Ponzi” acabaron siempre con quiebras resonantes y, en 2007/8, con el derrumbe del sistema hipotecario y bancario de Estados Unidos y el inició de la mayor crisis mundial en ochenta años.

Las Leliq representan un desafío similar al de la convertibilidad de la década del 90. Nadie quería abandonar la convertibilidad por temor a precipitar una cadena de bancarrotas, hasta que una cadena de bancarrotas provocó la liquidación de la convertibilidad. En el caso actual, el gobierno y el FMI están empeñados en evitar una devaluación del peso, porque la menor señal de ello provocaría una corrida bancaria que acabaría en una hiperinflación. Esto explica la crítica mesurada del macrismo al planteo de AF, porque la variante del kirchnerismo está siendo estudiada como una salida por parte del gobierno y del FMI. En términos básicos, la propuesta de AF consiste en sustituir en forma compulsiva las Leliq por un bono o título a largo plazo, que podría incluir o no un ajuste por inflación, que sería apuntalado por un acuerdo de precios y salarios entre las patronales y la burocracia de los sindicatos. La amenaza de corrida bancaria impondría reducir la posibilidad de retirar los depósitos de los bancos y establecer un control de cambios, al menos para la entrada y salida de capitales. La salida de la bomba de tiempo de las Leliq se produciría por medio de un estallido antes de tiempo. Más allá de la envergadura de los conocimientos de economía, de parte de Alberto Fernández, el ex menemista, ex cavallista y ex kirchnerista pródigo ha salido con un planteo que recoge las experiencias de derrumbe de sus predecesores.

La propuesta K implica sustituir la deuda Leliq del Banco Central por una deuda a mayores plazos del Tesoro con los bancos, o sea un fabuloso aumento de la deuda pública, que es hoy de u$s 400 mil millones. Otra variante, que se viene discutiendo desde mucho antes de la campaña electoral de 2015, sería convertir una deuda en dólares que tiene el Estado con el Banco Central, las llamadas Letras Intransferibles, en un bono “transferible”, o sea que se pueda negociar en el mercado. El monto en juego es de alrededor de u$s60 mil millones. El Banco Central usaría ese bono para cancelar la deuda en Leliqs, con un descuento considerable, lo que implicaría que pagaría tasas de interés usurarias por este aumento de la deuda pública.

Cualquiera de estas variantes transfiere la quiebra a los ahorristas, por un lado, y a los contribuyentes y trabajadores, por el otro, el derrumbe del esquema Ponzi, o sea la cesación de pagos de los bancos. Aunque el macrismo se felicitó a si mismo por el hecho de que el “sinceramiento” de AF no produjera una corrida cambiaria, las operaciones con divisas crecieron fuertemente y la tasa de Leliq volvió a aumentar.

La evidencia de que el macrismo también pergeña la salida que propone AF, la ofreció un académico “anti-populista’, Guillermo Calvo, de la Universidad de Columbia, que días antes declaró a un diario financiero de Chile, que había que desmantelar las Leliq con urgencia, y hasta se atrevió a decir que los K serían más aptos para esta tarea por una mayor capacidad para valerse de la burocracia de los sindicatos para controlar a los trabajadores.

AF se vio forzado a descubrir las intenciones K y a avisar con tiempo a los operadores financieros, para galvanizar una campaña electoral sin rumbo. Dejó en claro lo que se ha tratado de ocultar al electorado – una etapa de mayores crisis económicas y políticas, y mayores convulsiones. La ficción que representa la papeleta electoral, para resolver cualquier cosa, quedará en evidencia más temprano que tarde. La envergadura de la crisis condiciona la capacidad de ofensiva de la burguesía, precisamente cuando más necesita de ella. Las reivindicaciones de los trabajadores y el cese del pago de la deuda externa usuraria, solamente pueden ser alcanzadas por medio de una Constituyente Soberana impuesta por una movilización histórica independiente de los trabajadores.

Jorge Altamira

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