Defendamos un programa socialista sobre la cuestión de la mujer



Por Olga Viglieca, Alejandra del Castillo y Gabriela Jorge - Plenario de Trabajadoras/Fracción Pública.

Con la firma de 21 integrantes del Plenario de Trabajadoras se ha difundido un brulote contra cientos de militantes del Partido Obrero que reclamamos nuestro derecho a constituirnos en fracción pública de nuestro partido. Esto significa, poder discutir nuestras posiciones políticas en todos los niveles y publicaciones del partido y no someternos a una deriva política que consideramos oportunista y electorera. 

El texto difundido, confuso y desordenado, pleno de injurias y graves imputaciones sobre las que no se ofrece prueba alguna, cierra filas con el aparato que se ha apropiado del Partido Obrero. Fue escrito y publicado a espaldas de las compañeras que integramos el Plenario de Trabajadoras, que no fuimos convocadas a fijar una posición sobre la gravísima situación partidaria. Por el contrario, reuniones locales del PDT -como la de CABA- fueron levantadas para evitar esta discusión. Varias integrantes de la fracción fuimos eliminadas de los grupos de comunicación del PDT. 

Ignoramos por qué varias de las firmantes se nombran como “dirección nacional del PDT” ya que no lo eran y no existió plenario ni congreso que las colocara en ese lugar. El comunicado no refleja, por lo tanto, la posición del Plenario de Trabajadoras, sino de las 21 firmantes. El nombre del PDT está siendo usado para ensalzar las prácticas de una camarilla que utiliza el espionaje, la delación, la calumnia y la violencia para acallar las voces disidentes. Y que pretende ejecutar una purga de una envergadura desconocida en la izquierda latinoamericana. 

Los usurpadores afirman que el concepto de “fracción pública” es un invento de Altamira y que la discusión pública de las divergencias sería “principios incompatibles con la vida del partido” Incluso si esto fuera así, debería ser sometido a debate y no una purga sumaria de centenares y centenares de compañeros. La sola presencia en nuestras publicaciones – un derecho de cualquier tendencia -, nos convertiría, sin embargo, en una “tendencia pública.” Pregoneros de un centralismo democrático modelo Omertá, intentan ocultar que de debates y fracciones públicas estuvo jalonada la vida de la mayoría de los partidos socialdemócratas y del Partido Bolchevique -¿qué cosa fue sino la Oposición de Izquierda? Clara Zetkin, dirigente indiscutida de las mujeres socialistas, o Alejandra Kollontai militaron en diversas fracciones durante su vida militante.

Nos acusan de mesiánicos e idólatras, de querer reagruparnos “en torno a una persona”. Los “mesiánicos”, sin embargo, sesionamos en una asamblea de más de 350 compañeros de diez provincias donde se discutió punto por punto el documento que acompañamos con nuestra firma. E intentamos llevar este debate a los organismos en los que militamos.
La “dirección” ha puesto por encima de cualquier interés de clase sus intereses de camarilla, al punto de asfixiar económicamente a las regionales opositoras y a las campañas electorales que las tuvieron como protagonistas, incluido el cordón industrial de San Lorenzo, encabezado por la enfermera del PDT Jorgelina Signa, donde el FIT sacó el mayor porcentaje de votos obtenido hasta ahora. 

Las 21 firmantes apoyan también a la dirección del Polo Obrero, que ha llegado al extremo de la vileza permitiéndose recordarles a las bases del Polo Obrero que ellas y el oficialismo tienen la relación con el gobierno y el control de los planes y la comida. Nosotros nos permitimos recordarles que el basurero de la historia no tiene agujero de salida.

En la defensa talmúdica del Congreso y sus resoluciones, arguyen que la comisión de la mujer votó por unanimidad un documento y eso invalidaría cualquier crítica a posteriori. Es verdad que hubo un solo documento pero también es verdad que la versión impresa olvidó incorporar las rectificaciones y agregados que reflejaban nuestras divergencias. En cualquier caso llegamos a ese Congreso sin que Ramal y Altamira pudiesen presentar los planteos divergentes en los plenarios en que fueron votados los documentos y elegidos los delegados. Con el reclamo del reconocimiento a una tendencia al interior del partido, buscamos poner fin a esa enorme ‘irregularidad’.

Lo que no mostró el pañuelo verde
En los últimos años las mujeres irrumpimos con fuerza en la escena política en lo que sin dudas forma parte de la respuesta de las masas a la debacle económica y social, y a la barbarie civilizatoria a la que nos arrastra la crisis mundial en curso. En los países árabes, en Estados Unidos, en Europa, en América latina las mujeres toman las calles por sus reivindicaciones, pero también contra la reacción política de Trump o Bolsonaro.

En la Argentina, 2018 fue el año de la lucha de las mujeres por la legalización del aborto, que fue poniendo masas de mujeres cada vez más numerosas en las calles. Sin embargo, debajo del amplio manto de la ola verde coexisten corrientes políticas antagónicas. ¿Acaso la Campaña y las sororas kirchneristas no se negaron a un funcionamiento asambleario privilegiando los pañuelazos, que son muy emocionantes pero allí nadie propone, debate ni vota nada? 

La UJS impulsó un plebiscito firmado por varios miles de estudiantes que fue objetado por la Campaña, las femiK, el MST, el PTS, con el latiguillo de que los derechos no se plebiscitan. Las asambleas y el plebiscito expresaban una voluntad de organización autónoma y de sostener la lucha con métodos asamblearios, que nos permitieran discutir y resolver fuera de los cabildeos y las negociaciones parlamentarias. Sin embargo, nuestro planteo se frenó y no llegó ni a los lugares de trabajo ni a las barriadas.

Las mujeres debimos sortear el freno burocrático y patronal aunque a veces viniera teñido con glitter. ¿Acaso las CTA, la CTEP, el feminista Movimiento Evita y otros amigos de Bergoglio no presionaron -sin quitarse los pañuelos verdes- para bajar la consigna del aborto legal, taponaron las movilizaciones, boicotearon el paro de mujeres y se fueron de peregrinaje a Luján en las vísperas de las marchas por el aborto?

El PDT disimuló las vacilaciones de la Campaña, una organización integrada por prestigiosas feministas históricas, las alas verdes de casi todos los partidos patronales, las CTA, organizaciones de izquierda y una infinidad de pequeños grupos. No hay una sola nota en la prensa que explique por qué NO estamos dentro de la Campaña por el Aborto Legal, ni que dé cuenta de los antecedentes de esta coalición que se pasó la década K discutiendo reglamentaciones de los artículos del Código Penal, protocolos por el aborto no punible y cuestiones similares para no chocar con la negativa del kirchnerismo a tratar la legalización, incluso en los primeros años de Néstor Kirchner, cuando miles de piqueteras incorporaron la legalización y gratuidad del aborto a su programa. 

Derrotadas las ilusiones de una solución parlamentaria, de la propia Campaña salió con el consejo de “votar bien” en las elecciones del 2019. Ninguna de las expresiones del movimiento -incluyéndonos- propuso ni siquiera un acto de denuncia del Parlamento y los partidos “transversalmente” colonizados por el clero y el evangelismo. Hoy, muchas dirigentes feministas llaman a votar Fernández Fernández, lo que significa guardar el derecho a interrumpir el embarazo -una vez más- para tiempos mejores. La ‘funcionalidad’ de esta política al kirchnerismo es indiscutible.

Delimitación política y organización independiente
Las 21 firmantes del PDT nos acusan de atacar “al feminismo en general, incluso atreviéndose hoy a condenarlo a una contraposición histórica con la organización y la lucha de la clase obrera”.

¡Compañeras! Asombra que confundan al movimiento de mujeres con el movimiento feminista, solo una de sus corrientes políticas. Es una sinonimia tramposa. Las madres contra la trata, las obreras de Textilana, las compañeras del Polo Obrero forman parte del movimiento de mujeres y no tienen nada que ver con el movimiento feminista. A partir de esta defensa del “feminismo en general”, las firmantes en cuestión abandonan el terreno de clase.

Lo de "atacar al feminismo en general" es una calumnia, lo que hicimos fue señalar su carácter policlasista y llamar a una organización independiente de las mujeres trabajadoras (independiente de las mujeres de las clases explotadoras, no de los trabajadores varones). 
La lucha de las explotadas solo tiene perspectiva como parte indisociable de la lucha de la clase obrera, no como la ameba izquierdista dentro de un movimiento policlasista signado por la confianza en las instituciones de la burguesía, los “cambios de imaginario”, la “perspectiva de género” y el lenguaje inclusivo. Hasta los años 20 del siglo pasado -hasta la burocratización de las organizaciones obreras-, no existía un programa de la mujer separado del programa general de la clase. 

La contraposición histórica entre las corrientes socialistas y el feminismo no la planteamos solo nosotras, nos respaldan 150 años de teoría y práctica socialistas. Algunas compañeras afirman que Engels está superado, ¿está superado también el prístino “separación tajante” de Clara Zetkin? 

Desde su génesis, el feminismo plantea la conciliación de clases al interior del universo de las mujeres. Predica que la base de la opresión humana es de orden sexual y que todas las otras opresiones están subordinadas y organizadas a partir de ésta. Coloca al universo de los hombres en el lugar del opresor con independencia de su pertenencia de clase. Plantea que es posible la emancipación de las mujeres derribando al patriarcado (¿??) sin tocar las bases materiales del capitalismo. Las feministas anticapitalistas del 99% -Angela Davis o Nancy Fraser, votaron a Hillary Clinton!!!! ¿No es evidente la contraposición histórica con la organización y la lucha de la clase obrera?

Por supuesto que hay una contraposición histórica. La idea contraria expresa la renuncia a disputar la dirección del movimiento de mujeres y a orientar a las mujeres trabajadoras hacia el programa socialista y la lucha de clases. 

Nos dicen que las militantes de la primera ola eran burguesas mientras que ahora estamos ante un movimiento masivo y policlasista, con mayoría de explotadas, un movimiento de “las pibas y las hijas”. No es así. La primera y la segunda ola también movilizaron cientos de miles de mujeres en todo el mundo, y muchas eran trabajadoras. El feminismo sufragista, de masas, logró captar más obreras allí donde más débiles eran los partidos socialistas.

La primera ola feminista tuvo un carácter de masas no inferior al actual movimiento de mujeres: en Estados Unidos, la Federación General de Clubes de Mujeres, se jactaba de contar con 20.000 afiliadas en 1892, 150.000 en 1900 y casi un millón en 1910. La Asociación Nacional Norteamericana pro Sufragio de la Mujer) experimentó "un crecimiento rápido y espectacular del número de afiliadas, que subió a 75 000 en 1910 y llegó a 100 000 a comienzos de 1915" (ídem).

En Gran Bretaña, en 1908, la Unión Sociopolítica de Mujeres realizó una gran manifestación en Hyde Park que congregó a más de 500.000 personas; The Times afirmó que “en el último cuarto de siglo no se había visto acto tan multitudinario”. La otra gran organización feminista británica, la Unión Nacional de Sociedades por el Sufragio Femenino, que dirigía Millicent Fawcett, tenía en 1914 alrededor del 50.000 activistas.

Eso no evitó que militaran a favor de la primera guerra mundial y en contra la Revolución de Octubre. Incluso que algunas se opusieran a incluir en su programa la jornada de ocho horas. No hay masividad que cambie un programa en los marcos de la democracia burguesa.

El temor a que la explicitación de las diferencias nos dejara afuera – que es sinónimo de seguidismo -, explica por qué la marea verde pasó de largo por el PDT en lo que hace al reclutamiento, cosa que reconoce el Informe de Actividades. O sea que, con la fanfarria del seguidismo, no hemos crecido en el movimiento. Si para muestra basta un botón, vale recordar que a pesar de todos los intentos de acercar a las actrices, Dolores Fonzi terminó postulada para vicejefa de gobierno por la fórmula del Frente de Todos. Y ella no aceptó porque “hay mujeres capacitadas y que vienen con carreras políticas hace tiempo y que pueden ocupar ese espacio mucho mejor que yo”.

Congreso sin delegadas ni resoluciones
El documento busca legitimarse apelando al primer Congreso del PDT (agosto del 2018) sin mencionar que 48 horas antes de su realización, el Ejecutivo del partido decidió -sin consultar con la dirección del PDT- que duraría solo un día y que sería abierto y de carácter propagandístico. 

Esto burlaba las resoluciones del XXV Congreso, ratificado luego por una votación del Comité Nacional, de convocar a un congreso del PDT en regla, para que definiera la intervención de las trabajadoras socialistas en un momento de gran protagonismo del movimiento de mujeres a escala nacional e internacional. 

Así las cosas, en las comisiones coincidieron delegadas del interior con no delegadas, internas al PDT e invitadas de Caba y el conurbano. A pesar de la drástica reducción de tiempo, se utilizaron más de 2 horas para “improvisar” un discurso de apertura y otro tanto para el de cierre. 

De resultas, las comisiones sesionaron poco más de 2 horas. Sin embargo, las compañeras estrujaron el tiempo. Las 15 comisiones discutieron la situación del movimiento de mujeres después de la votación adversa en el Senado, cómo se situaba el PDT frente al feminismo y otras corrientes; cómo continuar la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito y la pertinencia de la consulta popular. Y expresaron una amplia diversidad de posiciones hacia adentro de la organización: desde quienes opinan que no es posible militar en el movimiento de mujeres sin llamarse feminista so capa de “perder el tren de la ola verde” hasta las que planteamos la necesidad de situar las luchas y las reivindicaciones en el terreno de la autonomía de clase, soldando las reivindicaciones de las trabajadoras con el programa de la clase obrera. El PDT debía ponerse como objetivo ir hacia las trabajadoras pero también ganar a la clase entera a la lucha por el aborto legal, derrotando los prejuicios que pueda haber en su seno.

Algunas coordinadoras resolvieron que ¡las resoluciones no podían ser votadas! El “consenso” de los Encuentros de Mujeres, ahora era impulsado por la dirección del partido, en el congreso del PDT. Por supuesto, la mayoría de las comisiones hicieron caso omiso y votaron rectificaciones y agregados al documento presentado, para desesperación de quienes creen que debate es amenaza de ruptura y divergencia es sinónimo de traición. 
Construimos durante estos años una orientación de choque con el Estado cuando estalló el Ni Una Menos, dice el documento de las 21. 

¿Cómo se puede invisibilizar tan livianamente la extraordinaria experiencia de las mujeres del Polo Obrero y la ANT en el Argentinazo? Las mujeres piqueteras son las que chocaron una y otra vez contra el aparato del Estado en la lucha por su sobrevivencia y la de su familia. Esa experiencia se condensó en el espectacular salto histórico que fue el programa de emancipación de las trabajadoras elaborado por la Comisión de las Mujeres de la 3° ANT, luego votado por hombres y mujeres en el plenario.

Por primera vez en 80 años un congreso obrero volvió a unir el programa de emancipación de las mujeres con el programa general de la clase obrera. Las piqueteras escribieron con letras de fuego en la conciencia del movimiento de mujeres EL ESTADO ES RESPONSABLE. Y ese patrimonio político explica por qué, a diferencia de muchos otros movimientos de mujeres, el de Argentina levanta esa consigna como propia.

Las compañeras reivindican la Consulta Popular, defendida como la estrategia para arrancar el aborto legal a posteriori de la derrota en el Senado. Lo que no explican es por qué nunca fue más que un saludo a la bandera. No se impulsaron mesas de agitación en los lugares de estudio o trabajo, no se juntó firmas, a las compañeras que tomaron iniciativas se las disuadió. Tanto es esto así, que la Campaña denunció al MST por plantear una consulta popular pero ni nombró al PDT, que tenía la misma posición.

Las firmantes del documento hacen bocca chiusa sobre todas las tropelías del grupo que controla el Comité Nacional del partido después de un congreso amañado, pero más bocca chiusa hacen sobre el empantanamiento del PDT. A tres meses del Encuentro Nacional de Mujeres en La Plata, donde se espera que participen cientos de miles de trabajadoras y se expresen todas las reivindicaciones y posicionamientos políticos, no hay ni campaña ni materiales ni siquiera artículos en la prensa que superen el estatuto de la crónica (el último, el 6 de junio) y que brinden la perspectiva con la que participaremos las trabajadoras socialistas ni cuáles serán nuestras propuestas al movimiento de mujeres.

El PDT no ha delineado la menor campaña para convertir el Encuentro en un canal de combate del movimiento de mujeres en el centro del poder político del país. Tampoco fijó posición ante el debate que ha llevado a un punto de ruptura a una comisión organizadora de la que participan 600 mujeres. En vez de discutir cómo reencaminar la lucha por la legalización del aborto o cómo se enfrenta el ajuste y un gobierno hambreador, la Comisión -partida en dos- discute si ampliar el nombre del Encuentro o su carácter plurinacional. 

Hay que rechazar ese debate es desviacionista, una maniobra para ocultar que el kircherismo, el PJ y el PCR -opinen lo que opinen sobre la plurinacionalidad- intentan esterilizar el Encuentro abriéndoles las puertas a la Iglesia Católica y a la Evangelista.

El punitivismo como mecanismo de control
El documento en el que nos declaramos fracción pública del Partido Obrero lleva nuestras firmas. No hay militantes “desplazados por graves hechos de violencia de género” ni por ninguna otra causa, y tampoco hay militantes “que hayan abandonado las filas partidarias descontentos con la separación de los mismos”. Somos todos internos, militantes activos. El aparato no da los nombres de los supuestos violentos o abusadores simplemente porque no existen. En el PO no existen las expulsiones sumarias, o sea sin procedimiento de cargos y defensa, ni tampoco por delegación de una dirección que se esconde, pues no publica las minutas y discusiones de sus reuniones.

“La disposición de las mujeres a denunciar la violencia naturalizada sería feminismo y separar a violentos, punitivismo, para nosotras es un derecho y un acto de formación de la clase obrera sobre otras bases. Los que hoy nos acusan de punitivismo no han sido capaces de elaborar una acción y posición alternativas y sí, han defendido públicamente a abusadores”, dicen

El aparato, así como utiliza su control de los planes y los alimentos para manipular al Polo Obrero, se encarama en la lucha de las mujeres contra la violencia para manipular, sobre todo, a la juventud. No podría hacerlo con compañeras con más tiempo de militancia que conocen perfectamente la experiencia recorrida a partir del Argentinazo en las barriadas y específicamente en las asambleas del Polo Obrero. No solamente deben ser separados los violentos; también es necesario investigar a los organismos que los han cobijado. El punitivismo al que hacemos alusión apunta a las exclusiones sumarias por divergencias políticas, nunca a una amnistía para quienes violentan a otras y otros y a los principios socialistas.

Un partido político revolucionario debe abordar la violencia contra las mujeres como un problema de conjunto, mediante la propaganda y la agitación. Denunciar la violencia y la opresión contra las mujeres en el ámbito de la familia e institucional, como una manifestación brutalizada de la explotación social; denunciar la trata de personas como un negocio de la banca, el comercio y el estado, en una escala nunca vista, a la que sólo puede poner fin una revolución social. Sobre esta base debemos proponernos ganar un número cada vez mayor de obreros y obreras, para que la lucha contra la violencia a la mujer se desarrollada con la participación activa de una masa fundamental de trabajadores. Quienes sostenemos este programa, no necesitamos “elaborar una acción ni una posición alternativas”. Alcanza con revisar una década de Prensa Obrera y es la política que llevamos cotidianamente en nuestros ámbitos de militancia. 

Lo que rechazamos son las investigaciones secretas en las que el acusado se entera de que estuvo siendo juzgado a la misma hora que el veredicto, en tanto se pasa por alto la responsabilidad de los organismos en que desarrollaba su militancia. Las condenas verbales sin que quede registro escrito ni de la denuncia, ni del descargo, ni de los testimonios de los testigos y ni siquiera de las razones en las que se funda el veredicto. Los juicios sumarios donde las separaciones se informan por WhatsApp, a veces a adolescentes de escuela secundaria. Rechazamos también la indiferencia de las firmantes frente al flagelo de la droga, e incluso su permisibilidad. El partido ha fijado una posición hace mucho tiempo sobre este punto, que es ignorado y violado dentro de la fracción oficial.

Las investigaciones secretas no solo desconocieron el derecho a la defensa de los acusados sino que legitiman el espionaje, usado con otros fines. Cualquier propuesta de establecer un método fue impugnada como complicidad con los victimarios y falta de sensibilidad con las víctimas.

Rechazamos la idea de “sexo contra sexo” también en este campo. La violencia contra las mujeres, contra los niños, contra los viejos, debe formar parte de una lucha contra este régimen social. 

Reclamamos la lista de los militantes separados o sancionados cualquiera sea su motivo porque nos oponemos a las separaciones fundadas en arbitrariedades que expresan la persecución política contra quienes plantearon divergencias con la “dirección”. 

Exigimos el cese de las calumnias, patoteadas y delaciones.

Repudiamos las separaciones y expulsiones sumarias.

Exigimos el reconocimiento de la tendencia pública del Partido Obrero.

Exigimos que se ponga en funcionamiento el Tribunal de la CRCI que trate el espionaje contra Marcelo Ramal y sancione a sus responsables.

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